El alma de un suicida

el alma de un suicida

Parece ser que el don más preciado que tenemos es la VIDA pero ¿se nos da una vida condicionada?, ¿a condición de que se haga buen uso de ella, condicionada a que seamos buenos, condicionada a que la respetemos?

Si la respuesta a todas estas preguntas fuera un Sí, en el purgatorio habría más seres que seres en todos los planetas, por su propio peso caería.

Mi humilde opinión es que se nos da una Vida en la que poder llegar a nuestros más altos propósitos pero gozamos del libre albedrío, es decir, nosotros decidimos cuántas vueltas dar, cuánto tardar, qué experiencias atravesar para llegar a ese propósito final.

No quiero decir con esto que la Vida no valga nada. No. Una vida es sinónimo de experiencia y aprendizaje, es camino abierto en el cual alcanzar el propósito.

Pero cuando se nos da la vida se  nos da el derecho de disponer de ella libremente. Si no fuera así, si fuera condicionada, no habría asesinatos, ni suicidios, ni violaciones, cuidaríamos de nuestro cuerpo para alongar su vida.

¿Es eso lo que realmente existe? No.

Se dice que el suicidio es un pecado mortal tal como el aborto, el asesinato, etc. pues incumple un mandamiento de Dios: No matarás. Y quien cometa pecado mortal será dirigido al purgatorio donde será castigado con penas hasta redimir la ofrenda.

En primer lugar, el susodicho mandamiento de Dios no era una orden sino una afirmación. Para los que creemos en la reencarnación simplemente este mandamiento es una advertencia que nos dice: aunque asesines (el cuerpo), el alma no muere.

En segundo lugar, al purgatorio vamos todos, es un lugar de trance donde hacemos una revisión no sólo de la vida que acabamos de abandonar sino incluso de las anteriores. En el purgatorio expiamos nuestras ofrendas, por decirlo de alguna forma, vemos qué hemos conseguido y qué no, dónde hemos fallado y dónde hemos adelantado. Hecha la expiación, el alma continúa su camino.

Pero ¿quién dictamina nuestra sentencia? ¿es Dios quien nos recrimina por nuestros actos? ¿Dios nos mantiene castigados en el purgatorio hasta que nos portemos bien? ¿Un Dios de amor, un padre, o una madre haría eso con uno de sus hijos? No. Porque somos nosotros quienes nos castigamos realmente. Si permanecemos en el purgatorio es porque, con anterioridad, establecimos un camino y si nuestros actos nos desviaron de nuestro camino impidiendo ver el progreso, se nos respeta nuestro deseo de estar en el purgatorio hasta que, por nosotros mismos, volvamos a reconocer nuestro camino. ¿No es eso lo que hacemos con nuestros hijos? Cuando sufren ciertas experiencias les dejamos permanecer a solas consigo mismo hasta que ellos mismos comprenden y están preparados, de nuevo, para salir y afrontar la vida.

Si, independiente a todo esto, tengo en cuenta que nada sucede por casualidad sino que todo obedece a un propósito, entonces, el que asesina a una persona, en realidad, le está ayudando a irse; a otros, por ejemplo, les cae una rama de un árbol andando por un paseo o se crean un cáncer terminal.

Sea como sea, cuando llega la hora de irse uno se va.

El que se origina un cáncer se está matando de igual forma que un suicida al tirarse a las vías del tren. Particularmente, no veo diferencia alguna entre ellos, el hecho es el mismo, quitarse la vida. Sin embargo, un suicidio claro está mal visto pero no por una creencia interior sino porque así se nos ha hecho ver durante siglos.

Nadie mata a nadie. Todo forma parte de un entramado de actos con el mismo propósito.

Así, considero, que el espíritu de un suicida tiene, ante Dios, la misma consideración que la de un asesino, una mujer que abortó o un santo.

Por otro lado, considero que el suicidio entra dentro del mismo plan que traemos cualquier otra persona. Es posible que el suicida haya venido a experimentar un sufrimiento incalculable que le lleve a medidas extremas para la comprensión y la aceptación de algo concreto.

Sin embargo, hay corrientes espirituales que afirman que el espíritu del suicida vaga por la tierra hasta cumplir con la establecida fecha de muerte y al quitarse prematuramente la vida ha de vagar hasta cumplir el plazo previsto.

No soy quien para desmentir esto ni cualquier otra teoría al respecto, sin embargo, mi creencia es bien distinta.

Continúan vagando porque se quitaron la vida y se “ven” vivos. Es tal el desconocimiento e ignorancia que tenemos respecto a lo que sucede cuando muere nuestro cuerpo que, muchas personas, no sólo los suicidas quedan vagando porque no entienden qué ha pasado. Si ha muerto cómo es que él se ve, se siente. Si está vivo cómo es que no le escuchan, no le ven. Es tal el desconcierto que se quedan vagando sin comprender.

Y aunque os parezca increíble de creer muchas de las almas a las que he dado luz me han dicho estar porque no sabían qué hacer, ni entendían qué había pasado, ni sabían cómo salir de la situación de vagabundeo.

Mi conclusión respecto al alma de personas pecaminosas es que somos tratadas con el mismo amor que las vidas de santos y que solo nosotros decidimos qué hacer, si hay alguien que se castiga es uno mismo y que de nosotros depende el camino a seguir, respetándosenos siempre nuestro libre albedrío.

Nota: Pido excusas si uso indebidamente espíritu y alma, son conceptos que aún estoy tratando de definir y detallar.

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Un pensamiento en “El alma de un suicida

  1. Gracias por ser de las personas que piensan desde el amor,,, y no desde otras supuestas leyes celestiales que parecen dictar con una fusta en la mano.

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